Gritos del niño: Principales razones y formas de manejarlo

Cuando tu pequeño empieza a gritar, conoces muy bien la tentación de gritar tú también. El sonido desgarrador puede ser estresante, desgarrador y francamente exasperante. Pero por mucho que tu hijo grite y grite (y siga gritando), nunca debes responderle con gritos. Tu hijo se está comunicando por el único medio que conoce, y la mayoría de las veces sólo quiere conexión, amor y atención.

En esta completa guía, repasaremos todo lo que necesitas saber sobre los gritos de tu hijo, incluyendo las mejores maneras de manejarlos, para que puedas estar seguro de que sus terribles dos años no serán tan terribles.

¿Por qué los niños pequeños gritan como locos?

Tu pequeño acaba de descubrir que su voz tiene el poder de hacer que se vuelvan las cabezas. Cuando un niño pequeño descubre algo nuevo sobre sí mismo, especialmente algo tan poderoso, lo va a utilizar y experimentar con él tanto como sea posible. Para ellos, es emocionante, divertido y una nueva forma de liberar su energía y comunicarse contigo.

Sí, en su mente, los gritos dicen mil palabras más que el ruido ensordecedor que oyes: “Tengo hambre, mírame, quiero ese juguete” y todo lo que se les ocurra. Los niños pequeños también gritan por frustración, sobre todo si están en plena rabieta.

Cómo manejar los gritos de un niño pequeño

La mayoría de los niños pequeños dejan de gritar cuando se cansan de la novedad y aprenden a comunicar mejor sus necesidades. Sin embargo, eso no significa que no haya formas de manejarlo, mientras tanto, para evitar que se le vaya de las manos.

Enséñale lo que es la “voz interior”

Explícale a tu pequeño que hay dos tipos de voces: la interior y la exterior. Dígale en voz baja que una “voz interior suena así” y, a continuación, dígale “¡una voz exterior suena así!”. Anímale a que te imite. Si no parece interesado, conviértelo en un juego y rétale a que te imite.

Cuando tu hijo utilice la voz interior de forma adecuada, elógialo por hacerlo. Este refuerzo positivo le mostrará que la voz interior es algo que te gusta, lo que le motivará a repetir el comportamiento.

Asegúrate también de exponer a tu hijo a diferentes entornos, ya que así comprenderá mejor qué tipo de lugares requieren una voz interior. Puedes llevarle a lugares públicos como la biblioteca y decirle: “aquí es donde usamos nuestra voz interior”, y luego llevarle a un parque y gritarle: “¡aquí es donde usamos nuestra voz exterior!”.

Una vez que tu hijo haya captado el concepto de voz interior, simplemente podrás decirle que use su voz interior para evitar que grite.

Nada de ruidos fuertes en el interior

Los niños pequeños imitan y modelan el comportamiento de los que les rodean, especialmente de sus padres. Si estás gritando de frustración porque tu microondas recién comprado se ha estropeado por tercera vez, es probable que tu hijo te imite y empiece a gritar también.

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Mantén la calma y evita gritar y chillar. También debes evitar poner la televisión a todo volumen. Los ruidos fuertes -incluso los de los aparatos- le dirán a tu hijo que hacer ruido dentro de casa es aceptable.

Conviértalo en un juego

Cuando tu hijo empiece a gritar, susúrrale rápidamente: “¿puedes susurrar como yo?”. Sigue retándole a susurrar como tú, y cuando lo haga, elógialo y luego continúa el juego pidiéndole que copie otras acciones (silenciosas): “¿puedes tocarte la barriga como yo?”, “¿puedes tocarte la nariz como yo?”.

A tu pequeño le encantará esta divertida actividad para estrechar lazos entre padres e hijos, y cuando termines, se habrá olvidado por completo de sus ganas de gritar. Al fin y al cabo, los niños pequeños se distraen con facilidad: ¡tienen una capacidad de atención mucho menor que la nuestra!

Mantenlos ocupados

No hace falta decir que si tu hijo tiene siempre algo que hacer, es menos probable que pida a gritos tu atención. Cuando estés fuera de casa, mantén a tu pequeño ocupado con su libro favorito, un tentempié saludable o un juguete con el que jugar. Los niños pequeños son curiosos, así que incluso puedes darles objetos que atraigan su curiosidad.

Habla más bajo

Cuando tu hijo empiece a gritar, no reacciones y háblale más bajo. Si sigue gritando, sigue bajando la voz. Lo más probable es que tu hijo se calme, ya que querrá escuchar lo que le dices, algo que no podrá hacer si te ahoga con sus gritos.

Abrázalo y cálmalo

Si tu bebé grita de emoción, la mejor manera de calmarlo es abrazándolo y calmándolo. Del mismo modo, si tu hijo pequeño grita por nerviosismo, cogerlo en brazos le tranquilizará y le ayudará a calmarse.

Madre aguantando una niña llorando

Cuando cojas y calmes a tu hijo para que deje de gritar, aclara que no lo haces por sus gritos, sino por cómo se siente. A continuación, enséñale mejores formas de expresar sus emociones. Por ejemplo, puedes decirles: “Sí, lo sé, ¡puede dar miedo cuando visitas un lugar nuevo! Puedes usar tus palabras y decir ‘mamá, tengo miedo'”. Esto también ayudará a su desarrollo del lenguaje y a que entienda cómo expresar sus sentimientos con palabras, algo de lo que se beneficiará durante años.

Crea una zona de gritos

Seamos realistas: a veces tu niño chillón no escuchará tus ruegos para que use su “voz interior”. Tal vez esté demasiado atrapado en su batalla de juegos de simulación. En estos casos, una zona de gritos puede ser muy útil.

Cuando tu hijo empiece a gritar, cógelo rápidamente y llévalo al área que quieras establecer como zona de gritos. Recomendamos un área exterior, como el patio trasero. Diles que “sólo se grita en el patio”. Repite esto cada vez que tu pequeño empiece a gritar y no pare.

Con el tiempo, y con muchas repeticiones, tu hijo asociará los gritos con esa zona y elegirá de forma independiente ir a gritar allí en lugar de estallar en la mesa del comedor. Al fin y al cabo, a los niños pequeños les encanta sentir que tienen el control. Saber dónde está la zona de los gritos, y utilizarla adecuadamente, es simplemente otra forma de sentir que tienen el control.

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Cómo manejar los gritos de las rabietas

Durante las rabietas, tu hijo no sólo gritará. Estará pisando fuerte, llorando y lanzando sus puños al aire. Si su hijo tiene una rabieta, es posible que tenga que adoptar un enfoque ligeramente diferente a las formas que hemos mencionado anteriormente para poner fin a su arrebato (y a sus gritos).

Afortunadamente, hemos cubierto todo lo que necesitas saber sobre las rabietas, incluyendo qué hacer cuando tu pequeño tiene una, aquí.

Consejos adicionales

Ten en cuenta que ningún método será la solución para todas las rabietas. Asegúrate de ir variando y ver cuál es el que mejor funciona.

También debes informar a tu pequeño de cómo va a transcurrir el día; al fin y al cabo, un acontecimiento inesperado podría desencadenar su respuesta de lucha o huida.

Si tienes problemas para controlar los gritos de tu hijo, no dudes en pedir ayuda y orientación a tu pediatra.

Otras posibles causas de los gritos de los niños pequeños

A continuación, repasaremos las posibles causas de los gritos que a menudo se pasan por alto, así como las mejores formas de manejarlas.

Hambre

Un niño pequeño hambriento tendrá, sin duda, ganas de gritar. Incluso si le dices tranquilamente que pronto tendrá comida y que espere, eso no evitará que grite. Para ellos, esperar por algo que quieren de inmediato es una tarea imposible y frustrante. Esto se debe a que los cerebros de los niños pequeños no están conectados como los nuestros; su córtex prefrontal -la parte del cerebro que gestiona el control de los impulsos, el razonamiento y la lógica- aún no se ha desarrollado adecuadamente.

Por eso, la mejor manera de evitar los gritos relacionados con el hambre es asegurarse de que tu hijo ingiera suficientes alimentos saciantes a la hora de comer; los alimentos ricos en proteínas y fibra, como las verduras, le harán sentirse satisfecho durante más tiempo. También debes tener a mano tentempiés para que tu hijo pueda picar a lo largo del día.

Dentición

La dentición puede ser una experiencia angustiosa para tu hijo, y puede gritar debido al dolor. Si la dentición es la causa de sus ataques de gritos, debes tomar medidas para aliviar su dolor: puedes aplicar un gel calmante para la dentición o darle medicamentos analgésicos para bebés. Para más información sobre los geles de dentición, incluidos los signos reveladores, haz clic aquí.

Problemas de audición

Si tu hijo no se da cuenta del ruido que hace, puede ser un signo de un problema de audición, especialmente si va acompañado de un retraso en el desarrollo del habla o del lenguaje.

Si crees que tu pequeño tiene un problema de audición, llévalo al médico para que le revise los oídos. También deberías familiarizarte con los síntomas de los problemas auditivos en los niños pequeños.

Sobrecarga sensorial

Una sobrecarga sensorial puede hacer que tu hijo se sienta abrumado, estresado y extremadamente irritado, y puede reaccionar a estos sentimientos gritando. Una sobrecarga sensorial se produce cuando su mente es incapaz de procesar y responder a todo lo que ocurre en su entorno: múltiples conversaciones que se producen simultáneamente, luces parpadeantes y un restaurante concurrido son cosas que pueden desencadenar una sobrecarga sensorial.

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Si sospechas que tu pequeño está experimentando una sobrecarga sensorial, retíralo inmediatamente de la situación y tranquilízalo.

Todos los niños pequeños pueden experimentar una sobrecarga sensorial, pero los que tienen problemas de procesamiento sensorial son mucho más propensos a hacerlo. Por ello, si la sobrecarga sensorial es algo habitual, asegúrate de hablar con tu médico para que te oriente y te ayude.

Cómo NO manejar los gritos de los niños pequeños

No importa cuántos botones apriete tu pequeño, nunca debes devolverle los gritos ni darle una palmada. Esto puede tener varias consecuencias, ninguna de las cuales beneficia su bienestar o desarrollo. Por ejemplo, puede aumentar el riesgo de que se produzcan lesiones físicas, arruinar su autoestima y hacer que se vuelva ansioso e incluso temeroso de ti.

Por todo ello, la Asociación Española de Pediatría (AEPED) lleva décadas desaconsejando los azotes, los golpes y los gritos como métodos de disciplina.

Además, es conveniente que te quedes en lugares en los que nadie se inmute si tu hijo hace una escena; es mucho más difícil controlar tus emociones cuando parece que tu hijo es la estrella del espectáculo.

Otra cosa que nunca debes hacer es sobornar o negociar con tu hijo. Aunque pueda parecer un buen negocio ceder a su demanda de helado para que deje de gritar, sólo le estás enseñando una cosa: que gritando consigue lo que quiere.

Reflexiones finales

Los niños pequeños son imprevisibles, y sobre todo les encanta levantar el vuelo. Aunque a veces puede parecer casi imposible conseguir que dejen de gritar, los métodos anteriores deberían proporcionar a tus oídos el alivio que tanto necesitan. Y recuerda: la mejor manera de conseguir que tu hijo supere los gritos de los terribles dos años es con calma, amor y paciencia.

La próxima vez que sientas la tentación de gritar a tu hijo, recuérdate a ti mismo que no está haciendo nada para herirte o frustrarte. Recuérdate que, como dijo una vez el doctor Joseph Chilton Pearce, “debemos ser lo que queremos que sean nuestros hijos”.

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Pediatra desde 2015, enamorada de mi trabajo. Tengo dos enormes renacuajos y un marido que cocina mejor que nadie.

Máster en Investigación Clínica y Postgrado en Divulgación Científica, también colaboro desde hace años como profesora en varios centros educativos y artículos científicos.

Empezé Revista del Bebé para ayudar a todas las madres y padres que lo pudieran necesitar, y así unifico mis grandes pasiones: los niños y escribir.

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